Julio Cabral - Museo Luis A. Solari

Rio Negro

Gobierno Departamental

Departamento de Educación y Cultura

 

Julio Cabral

 

Naturaleza... siempre.

Cuando ingrese esta mañana a la primera sala me emocioné.

Me atrapó un verdadero culto contemplativo de la naturaleza: r\ios, nubes, mares, praderas. Recordé "la piel del planeta está aquí", dirían los naturalistas, vigilando la conducta de sus hijos humanos y... el sentimiento rozó el enamoramiento.

Esta noche ya habrán advertido ustedes. el porqué.

Julio Cabral nos cautiva concretando su propia emoción en acordes musicales, compuestos de color y línea. Es tan explícita la manera en que plasma los colores y las formas, en que hace ese "juego", que advertidamente aseguraría, con su perdón, que el artista pulcramente se desnuda, exteriorizando la libertad del espíritu interior.

Viajamos en un tour por las dos salas entre el respeto riguroso a la naturaleza y a sus elementos, casi fotograficamente captados, por el culto a la materia como realidad inmediata; temas representados con exactitud minuciosa impersonal en los detalles, por medio de una agudeza óptica llevada a cabo con tal virtuosismo técnico, ojo y pincel atentos, que supera la visión del objetivo fotográfico, con respeto, sin saturación y con su propio sello.

Luego a lo abstracto, la armonía del estricto orden matemático, donde se convierten en categoría mental; paralelas que se cortan, el cuadrado en toda su firmeza al cubo en el espacio, la recta que no se ve turbada por la relatividad, la curva derivando rectas en cada uno de sus puntos, hechos que "aparentemente" nada tienen que ver con nuestras cotidianas necesidades humanas, pero que lo vuelve de vital trascendencia a partir del momento en que lo convierte en arte.

Continuamos el viaje. Lo apreciado nos desmaterializa, tanto como lo plasmado, las cosas se nos toman fugitivas, se nos escapan al pretender observarlas... adhiere al soporte, lo que observa en la energía desprendida de los colores.

Aire libre. Luz, luz, mucha luz nos inhunda el alma.

Podemos hasta adivinar la hora del día que elegió el artista en la percepción de la belleza perfectamente trasmitada: sonidos, aromas y frescuras del mar y el calor de la tierra; la inmensidad del cielo y otros elementos que no se oyen, no se ven, pero se sienten, volátiles y sí se "ven" en los colores. Fiesta, alegría en sensación directa con la armonización de sensibles colores magistralmente logrados.

Mucho, mucho estudio, mucha técnica, excepcional manejo del material del soporte sobre el que trabaja, del pincel y de la espátula, de la paleta cromática; homo faber, homo sapiens, siempre homo... homo-arte.

Usted es un Maestro. Lo sabe. Tiene luz, mucha luz interior.

Muchas gracias por venir, desde tan lejos a compartir parte de su obra, parte de usted mismo. Ayudarnos a admirar, a crecer en el arte de apreciar.

Fray Bentos, Museo Luis A. Solari, 24 de setiembre de 2010.

Mtra. Graciela Beatriz Espina de Sobrino

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